Hola, soy Mónica Guzmán, tengo 46 años y soy madre de José Luis, un joven de 17 años diagnosticado con síndrome de Asperger a los 6 años. Mi viaje de superación comenzó en octubre de 2007, cuando nació mi hijo. La habitación estaba tenuemente iluminada, el suave zumbido del equipo médico llenaba el aire mientras yo estaba tumbada en la camilla, con la mirada fija en la pantalla. El médico aplicó el gel frío sobre mi abdomen y comenzó a mover el ecógrafo. De repente, ahí estaba: la primera imagen de mi hijo. Mi corazón dio un vuelco y, sin poder evitarlo, solté un grito: "¡Aah!" El médico levantó la vista, sorprendido, mientras mi madre y el padre de mi hijo intercambiaban miradas de desconcierto. "¿Estás bien?", preguntó el médico con una sonrisa amable, intentando calmarme. Pero en mi mente, una tormenta de pensamientos se desataba. "De esto no puedo huir", pensé, sintiendo el peso de la responsabilidad que crecía dentro de mí. "Lo llevo dentro". El miedo se apoderó de mí, un miedo profundo de no ser la madre que mi hijo necesitaría. Recordé a mi propia madre, su lucha con el Trastorno Bipolar, diagnosticado cuando yo tenía 18 años. Sus reacciones desde que yo era pequeña, a menudo impredecibles, habían dejado cicatrices en mi corazón. "¿Y si repito sus errores?", me preguntaba, sintiendo el frío de la incertidumbre recorrer mi columna. Mientras el médico continuaba con la ecografía, mi madre me tomó de la mano, su mirada llena de comprensión y amor. "Todo estará bien", susurró, aunque ambas sabíamos que el camino no sería fácil. En ese momento, no imaginaba que estaba en el inicio de un viaje transformador, uno que me desafiaría a ser más fuerte de lo que jamás había imaginado. Desde sus primeros meses, José Luis fue diferente. Era serio, solo se reía con mi madre. Tardó en hablar, caminar y dejar los pañales. A los dos años, comenzó a mostrar comportamientos extraños, como caminar sin expresión y no responder a su nombre. Fue entonces cuando su padre y yo decidimos llevarlo al otorrino, solo para descubrir que oía perfectamente. Había llegado a un punto en el que los comportamientos de José Luis ya no podían ser ignorados. Cada día, sus acciones me gritaban que algo más profundo estaba ocurriendo. A pesar de mi resistencia inicial, finalmente acepté que mi hijo era diferente y necesitaba ayuda. A los seis años, lo llevé a un psiquiatra especializado en Trastornos del Espectro Autista. Recuerdo ese día como si fuera ayer. Pasamos tres largas horas en la clínica, mientras José Luis era evaluado por varios profesionales. El tiempo parecía detenerse, cada minuto se alargaba como una eternidad. Finalmente, el psiquiatra salió de una habitación contigua. Su expresión era seria pero serena. "Tenemos algo que decirle", anunció. José Luis estaba junto a uno de los terapeutas, sosteniendo unas láminas con dibujos de caras que mostraban diferentes expresiones. Estaba calmado, lo que me dio un pequeño respiro de alivio. Siempre se sentía más a gusto con los adultos que con otros niños. El terapeuta ocupacional me miró directamente a los ojos, su mirada era de satisfacción, como si hubiera encontrado una pieza crucial del rompecabezas. "Su hijo tiene Síndrome de Asperger", dijo con firmeza. Sentí que el suelo se desvanecía bajo mis pies. No sabía qué significaba eso, ni qué nos depararía el futuro. El psiquiatra, notando mi desconsuelo, añadió con voz tranquilizadora: "Es mejor saber lo que tiene porque ahora sabemos cómo ayudarlo". Y así, en ese instante, comenzó nuestro verdadero viaje. Un camino lleno de desafíos, pero también de esperanza y descubrimientos. Inscribirlo en un colegio fue un desafío. Busqué un lugar donde pudiera recibir la atención que necesitaba. A pesar de los constantes llamados del colegio para recogerlo, insistí en que los educadores también aprendieran a ayudarlo. Poco a poco, con persistencia, trabajando en conjunto con el psiquiatra y los profesores, logramos que el colegio se convirtiera en un espacio inclusivo. Durante este proceso, trabajé en mi desarrollo personal para ser la madre que mi hijo necesitaba. Descubrí que mi propósito era guiar no solo a mi hijo, sino también a otros padres que enfrentan desafíos similares. Esta experiencia transformó mi vida y me llevó a dedicarme profesionalmente a ayudar a otros. He aprendido que para empoderar a los jóvenes, primero debemos empoderar a sus padres. Los valores se transmiten no solo con palabras, sino con el ejemplo. Pregúntate: ¿Cómo quieres que sea tu hijo? ¿Eres un ejemplo de ello? Es hora de ser conscientes y responsables de nuestras acciones, porque son las que nuestros hijos observarán y seguirán. Asegúrate de que, aunque no estés presente, tu hijo sabrá qué hacer porque lo aprendió de ti. Ahora es tu turno de cuidar de tu bienestar emocional para ser ese referente poderoso que impactará profundamente la vida de tu hijo. La ciencia nos dice que los recuerdos se graban de manera indeleble en nuestra mente cuando están acompañados de emociones profundas. ¿Y qué emoción puede ser más profunda que el amor de un hijo hacia sus padres? Son ellos quienes nos muestran el mundo por primera vez, quienes nos enseñan con su ejemplo, no solo con sus palabras. Los valores y creencias que absorbemos de ellos se convierten en la brújula que guía nuestras decisiones más importantes en la vida. Estos principios, inculcados desde la infancia, son los que moldean nuestro camino y determinan quiénes somos en los momentos cruciales. A veces me pregunto: "¿Qué haría mi madre en esta situación?" Sin darme cuenta, lo que no veía de joven, ahora a mis 46 años, son las bases de mi vida. Me siento orgullosa de haber tenido ese ejemplo. ¿Cómo quieres que te recuerden tus hijos cuando ya no estés? Tienes dos opciones: ser un ejemplo o una advertencia. ¿Ahora que lo sabes, merece la pena empezar por ti?
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¿Cómo generar la motivación en los estudiantes para mejorar su rendimiento académico?
La experiencia me ha demostrado que la única forma de lograr ese cometido es entrar en su corazón y plantar la semilla del éxito. Entendiéndose por éxito el ser capaz de superar los obstáculos en el camino de cada objetivo sin rendirse. Entonces el éxito requiere de un esfuerzo, eso ya lo sabemos, pero cómo hacer que ellos quieran pagar el precio para ese "éxito" (en adelante felicidad). La felicidad es el proceso, no el fin. Si somos capaces de hacer cada día lo que no nos apetece en pos de un objetivo nos iremos sintiendo gradualmente más orgullosos de nosotros mismos y por ende más capaces de conseguir nuevos retos. Bla, bla, bla... ¿Y cómo comenzamos a despertar en ellos esa chispa, ese deseo de alcanzar la felicidad? Reforzando su autoestima (poniéndose pequeños retos cada día e ir cumpliéndolos) No necesitan sacar un 10 en cada examen, lo que necesitan saber es que han nacido para ello y que esos resultados dependen de la convicción que se tenga en ello (que también se puede trabajar de forma muy efectiva) ya que es esa convicción la que los impulsará a darlo todo. Como siempre les digo a mis alumnos, primero tienes que saber que eres la "reostia" y luego actuar como tal. No importa si no te lo crees al principio, pregúntate qué haría esa persona en esa situación en la que te encuentras tú y hazlo tal cual. Poco a poco le irás demostrando a tu mente de que es cierto y se plantará la semilla en tu corazón que producirá los frutos más abundantes que te puedas imaginar. Un abrazo inmenso a ti querido lector que te has dejado llevar por la curiosidad y has llegado hasta el final. Fuente : https://www.psicologos-malaga.com/apego/ ¿Cuáles son los vínculos afectivos que se establecen en la adolescencia? Las relaciones amorosas en la adolescencia se ven influenciadas por las expectativas de tus amistades, familia, los medios de comunicación y todo tu entorno. Todo lo que te rodea influye en tu comportamiento dentro de la relación (amistad especial, enamoramiento, noviazgo, etc) ¿Cuál es la importancia del vínculo afectivo en los adolescentes? El crear vínculos afectivos seguros y sanos permite una comunicación estrecha con los hijos, así como saber quiénes son, qué quieren, qué sienten, qué piensan; de ahí que usted como padre podrá influir en su hijo de manera respetuosa, apoyándolo en su desarrollo como persona. ¿Cómo se pueden favorecer los vínculos familiares durante la adolescencia? Los padres deben saber que su círculo social es esencial, de modo que incluirlos y respetarlos sería una buena forma de acercamiento hacia sus hijos. Permitirles espacio, sin abandonar los límites durante esta etapa, les tranquilizará y facilitará su autonomía. Los jóvenes se tienen que enfrentar a nuevas situaciones. ¿Cómo se llama el vínculo que existe entre padres e hijos? El apego es la conexión afectiva, física, conductual y biológica que se establece entre el niño o la niña y su madre o padre. ¿Qué tipos de vínculos afectivos hay? En el ámbito de las relaciones padres – hijos se describen cuatro tipos de vínculo afectivo: seguro, ambivalente, evitativo, y desorganizado. ¿Qué actividades se debe hacer para fortalecer los vínculos afectivos? 5 actividades valiosas para fortalecer los vínculos familiares
¿Cómo generar vínculos con adolescentes? Buscar acercamientos no amenazantes, hablarles desde la comprensión y el amor. Comprender que las nuevas conductas son llamados de atención o pedidos de límites necesarios. Recordar siempre que deben actuar como padres, no como amigos. Hablar con el adolescente comunicándole su preocupación e interés por él. ¿Cómo trabajar las emociones con los adolescentes? Siete ejercicios para trabajar las emociones de tus hijos o alumnos adolescentes
¿Cómo mejorar el vínculo con los hijos? Cómo mejorar la relación con los hijos a través de la Disciplina positiva
¿Cómo deben ser los padres con los adolescentes? Los adolescentes necesitan que sus padres los acepten tal como son, como han sido educados hasta este momento, y los apoyen mientras van creciendo y madurando. Necesitan ser queridos, que se los escuche y que se pase tiempo junto a ellos, en familia, disfrutando y compartiendo la vida. ¿Cómo se comportan los adolescentes con sus padres? Con frecuencia, los adolescentes comienzan a alejarse de sus padres para poder empezar a tomar sus propias decisiones sobre lo que hacen y cómo quieren ser. Un comportamiento normal en la adolescencia puede incluir: Poner a prueba los límites y romper las reglas. No querer la ayuda de sus padres. ¿Cómo debe ser el rol de los padres en la adolescencia? Durante esta etapa evolutiva, el papel fundamental de los padres y madres es querer y enseñar. Estos dos aspectos son básicos para el futuro desarrollo de vuestro hijo o hija y son dos factores de protección muy importantes para prevenir conductas adictivas. ¿Por qué es importante la relación entre padres e hijos? Las relaciones entre padres e hijos son muy importantes para el normal desarrollo psicológico, la formación de una personalidad sana y la adaptación social. ¿Cómo fortalecer los vínculos afectivos en la familia? Trata de reservar tiempo para salidas familiares: todos pueden turnarse para elegir actividades. Unas vacaciones relajantes o un fin de semana juntos como familia también pueden fomentar la unidad. El tiempo que pasas con tu hijo les brinda la oportunidad de mantenerse conectados y de disfrutar de la compañía del otro. ¿Cómo se construyen los lazos afectivos? 7 estrategias para cultivar los vínculos afectivos con niños
no dejes pasar más tiempo. ¡tú tambien puedes!¿Has visto a personas viviendo la vida que tú desearías tener y te has preguntado por qué no puedes tenerla? Personas con una salud excelente, un cuerpo espectacular, una energía y vitalidad envidiables. Con una economía que les permite tener lo que quieren haciendo lo que aman, y más encima con una autoestima fortalecida y unas relaciones afectivas preciosas. ¿Te enfada que no te pase lo mismo? ¿Qué tienen ellas que no tenga yo? ¿Te has preguntado que han hecho para ser, hacer y tener eso que tu tanto deseas?
Te gustaría que tu vida se pareciera a esa, aunque fuese en algo ¿cierto? Y ¿a quién no? Es que debería ser un derecho de todo ser humano poder vivir la vida con la que sueña. Pero para el 95% de las personas eso no es más que una utopía. Y no es porque no puedan conseguir lo que desean. De hecho, tienen el potencial para desarrollar cualquier habilidad que les permita conseguir una meta. Y ahora pensarás, ¿quién soy yo para darte esas cifras y asegurar todo esto? Pues soy una persona que ha desafiado las estadísticas. Ya te contaré más de mí en unos minutos. Estarás pensando ahora: “¿me estás diciendo que es porque no me he propuesto cambiar mi vida que no lo he logrado? Pues me lo propongo todos los días. Cada día me levanto con el deseo de estar mejor, pero nada pasa”. Déjame que te lo explique de la siguiente manera. Pon atención, por favor. Imagínate que vas por un sendero en un bosque. El sendero ya no tiene hierbas ni maleza porque lo transitas a diario desde hace años. Ya no te preocupas de no perderte o desviarte, sabes que es el camino correcto. Mientras vas caminando, dejas de prestarle atención al sendero y te abstraes de todo con tus pensamientos sobre la vida, lo que te gusta, lo que no te gusta, lo que detestas y lo que realmente te está matando por dentro cada día. Es entonces cuando te percatas de que es hora de cambiar. Te emocionas con la idea de que hoy es el día en que has tomado la decisión de transformar tu vida para mejor. Y cuando te quieres dar cuenta has llegado al mismo lugar de siempre, porque has ido por el mismo sendero de cada día. Y se te pasa por la cabeza esta idea “es que haga lo que haga siempre llego al mismo lugar”. Claro, si vas por el mismo camino que recorres a diario, aunque te plantees tener experiencias diferentes, objetivos diferentes y sueñes con esa vida que te mereces sigues caminando por el mismo sendero. Pero ¡¿Cómo salgo de este bendito sendero?! ¿Cómo puedo encontrar el que me lleva hacia donde realmente quiero ir? Fácil, toma nota, no te pongas excusas, esto te va a gustar Lo primero es darte cuenta de que vas por inercia por el sendero equivocado. Esta es la parte más importante y la más dolorosa a la vez porque pone frente a tus ojos todo el dolor que has pasado y tratado de ocultar por años. ¿Cuántos años llevas viviendo así? Aguantando, siendo “fuerte”. Esa “fortaleza” en el fondo no es más que un miedo tremendo a salir de la zona de confort para cambiar tu vida. Ese miedo es muy normal. Pero bueno, ahora que ya lo has visto ¿Cuál es el siguiente paso? Ponte a pensar cómo será tu vida en 5 años más si sigues así. Cada vez te va a doler más porque ahora estás consciente de que puedes salir de ahí, pero no lo haces por miedo, un miedo comprensible pero muy dañino. El segundo paso es tomar nota de lo que hacen las personas que tienen la vida que tu deseas. Comienza a buscar información sobre lo que han hecho para llegar donde están. Verás que son varios hábitos simples que prolongados en el tiempo les han hecho ser quienes son hoy. Ahora empiezas a tomar consciencia de que tú también puedes hacerlo. Si ellos pudieron, yo también puedo. Y estás en lo cierto. Te pones manos a la obra. ¡Mañana empiezo! Te visualizas con los resultados, te sientes feliz, pero al cabo de un par de semanas llegas a la conclusión de que no serás capaz de mantener esos hábitos en el tiempo. No son acciones muy raras, ni difíciles, pero están fuera de tu zona de confort, de tu rutina diaria, la que llevas años haciendo. Por esta razón es que tu mente siempre te estará saboteando. ¿Te suena esta situación? Me imagino que sí. Ese mismo fue mi día a día hace un tiempo. Fui de una frustración en otra por años. El “mañana empiezo” lo postergué por 10 años. Empezaba y ese mismo día fallaba en algo y tenía que volver a empezar. ¡Me sentía tan frustrada! No sabía cómo saldría de allí. Veía lo fácil que era para otras personas conseguir esa salud y vitalidad. Ese cuerpo, esa vida saludable. Mejorar su economía haciendo lo que les gustaba y teniendo esas relaciones afectivas que yo solo podía soñar con tener. Y ahí estaba yo, pensando y pensando y cada día más frustrada. Hasta que un día en que no podía más con esa vida de mierda, el bendito día que toqué fondo llegó la solución para mí. Me di cuenta de que lo que me faltaba no era cambiar mis hábitos, sino mi mentalidad. Que con la mentalidad adecuada podría adquirir los hábitos correctos. ¡¡Habían pasado 10 años!!! ¡¡¿Cuánto más tendría que seguir esperando?!! Me animé y comencé a buscar información para aprender a cambiar mi mentalidad. Encontré muchos mentores, coaches y ejemplos de casos de personas exitosas por todo el mundo. Cada uno aportaba mucho valor, pero era el conjunto de todos el que me daría el resultado que deseaba. No sabía por cuál decidirme. ¿Qué hago? Me prometí a mí misma que no dejaría pasar otros 10 años para cambiar mi vida. Para tener aquella con la que soñaba, la que me merezco. Vamos, la que realmente me apetece vivir cada día. Entonces me propuse encontrar la forma de ahorrarme todo ese tiempo. De 10 años reducirlos a uno. Eso me animó mucho y me llevó a estar dispuesta a darlo todo. Decidí especializarme y a la vez crearía mi propia técnica sacando lo mejor de cada uno de esos mentores. Me planteé metas a un año en el área de la salud, el dinero y la profesión y en amor y relaciones afectivas y no pararía hasta conseguirlas. Fue un camino de mucha motivación, inspiración, esfuerzo y perseverancia. Hubo desafíos, pero aprendí de todos esos mentores que solo fracasa quién deja de intentarlo. La fe de lo que no se ve, la esperanza de lo que viene que ya es tuyo es el pilar del éxito, eso me dio la fuerza para seguir hasta conseguirlo. Hoy que ya tengo aquello que me planteé en un comienzo voy a por más cada día. Ya tengo la mentalidad que es la base, ahora sé que todo es posible para mí. ¿Te parece posible para ti también? ¡Es que lo es! No hay nada que no puedas alcanzar si tienes la mentalidad correcta. Hoy quiero compartir todo eso que aprendí contigo. Siempre digo que encontrar la solución a un problema que te ha aquejado por años es el primer paso hacia tu felicidad, el segundo es compartirlo con el mundo. Es por eso que hoy quiero invitarte a que nos conozcamos. Que me cuentes tu historia para ver cómo puedo ayudarte a conseguir esos resultados que quieres, para tener esa vida que te mereces. Sí, ¡te la mereces! Naciste para ser tu mejor versión y ser feliz. Las penas que tienes hoy te las has construido tú con tus malas decisiones y acciones. Escríbeme y te contaré mis secretos y si te decides a trabajar conmigo, te prometo que estaré contigo todos los días durante tu proceso. No estarás sola. Estaré contigo hasta que lo puedas hacer por tu cuenta. Ya verás que si es posible para ti. Si yo lo hice tú también lo harás. Bueno, y ¿Quién soy yo para darte todos estos consejos, para asegurarte que tú puedes construir la vida que quieres? Mi nombre es Mónica Guzmán, soy licenciada en. PNL, conferenciante y entrenadora en empoderamiento femenino y juvenil. Pero claro, eso no te dice mucho. Lo que sí te debe interesar son los resultados que he conseguido con las personas con las que he trabajado. Aquí te dejo algunos testimonios de personas que han pasado por mis sesiones personales y talleres grupales, tanto online como presenciales, que seguro te harán sentir identificada y llena de esperanza. https://www.youtube.com/watch?v=NvqLcv9q_n4 https://www.youtube.com/watch?v=z_7S4muKPbc https://www.youtube.com/watch?v=m1cmWXq_-U0 Aquí tienes mis redes sociales y las vías por las que puedes contactar directamente conmigo: Mónica Guzmán Andonaegui Transformación personal avanzada. Entrenadora en empoderamiento y liderazgo femenino y juvenil. NLP Practitioner Conferenciante. +34608435167 www.stepupliderazgo.com Insta:@stepupliderazgo FB: facebook/monica.guzman.3304673 YouTube:Mónica Guzmán Andonaegui Twitter:@MonicaGuzmanAn1 LinkedIn: Mónica Guzmán Andonaegui [email protected] Conozcámonos, no tienes nada que perder y mucho que ganar. Cuando conversemos entenderás por qué. No dejes pasar 10 años más para cambiar tu vida. Haz clic aquí para editar. "El peligro de ser considerado brillante"
Cómo no serlo me permitió alcanzar la realización personal y profesional Charla TED sobre los talentos y las claves para sacarles el mejor partido. Una parte de mi historia. Cuando has sido programado desde tu infancia para ir a la universidad, ser exitosa y “sacar la cara” por la familia, es difícil de afrontar el hecho de que te digan: “Tú a la universidad, ni para barrer”. Ese alentador comentario me lo hizo la orientadora del instituto a las 17 años después de recibir los resultados de un test de inteligencia que nos hicieron a para evaluar nuestras competencias. Desde ahí en adelante, asumí que como no tenía un plan B para mi futuro, tendría que esforzarme mucho más que el resto para cumplir mis metas. Las que hoy me doy cuenta no eran las mías sino las de mi familia. Lo logré, estudié y trabajé, pero no era feliz. Claro, si no había sido mi elección. Bueno, tampoco uno sabe mucho de la vida a los 17 años. En fin, con el tiempo la vida me llevó a encontrar mi verdadero camino y me incliné por la PNL, la Programación Neurolingüística, que es la ciencia que se encarga de estudiar cómo conseguir un funcionamiento óptimo de la mente para alcanzar objetivos. ¡Vaya herramienta!! Había descubierto la clave del éxito. En ese momento, mi vida se convirtió en una constante búsqueda hacia la realización personal y profesional, no solo mía sino de todas las personas que pasaban por mis talleres. Esa ha sido mi obsesión desde hace un tiempo, el poder entregar cada vez más valor a la vida de los demás. Pues bien, aquí va una prueba del poder de la mente: Imagínense exprimiendo un limón. ¿Cuánto se demoraron en comenzar a salivar? ¿Por qué pasa eso? Porque la mente no distingue entre lo que está pasando de lo que se imagina. Bien, a eso le llamamos visualizar, cuando visualizamos algo con nitidez, estamos generando la realidad. Todo lo que podemos imaginar lo podemos manifestar si lo hacemos de manera repetida. Día tras día, semana, tras semana. Les puedo decir que es cierto, sólo tenemos que ser constantes y pacientes. Encaminarnos hacia ello con pequeños pasos cada día y al cabo de un tiempo se manifestará ya que sólo podemos ver afuera lo que tenemos dentro. Nuestro cerebro está diseñado para mostrarnos lo que queremos ver, ya sea negativo o positivo. Pues vayamos a la acción. Y cómo consigo un objetivo: Lo primero es descubrir que es lo que te apasiona, lo que te encanta. Lo que sin ello no podrías ser feliz. Cuando nos ponemos a buscarlo con ansias, con muchas ganas, lo encontramos rápidamente. Bien, tengo el objetivo. Debo ser lo más específico/a posible. Luego, debo saber por qué o para qué quiero conseguir eso. Debe haber un motivo muy importante para que surja el compromiso a hacer todo lo necesario para alcanzarlo. Luego, estudiar y practicar mucho para desarrollar esas destrezas o conocimientos que necesitas para conseguir esa meta. Al cabo de 30 días continuados, estudiando y practicando para ello, el cerebro comienza a generar neuronas nuevas y conexiones neuronales que te permiten desarrollar esas habilidades con mayor facilidad. Tu mente sabe que no vas a descansar hasta que consigas lo que quieres así que no le queda otra que facilitarte el camino. Estás haciendo que trabaje para ti. Finalmente, lo que quieres se materializa. No es fácil, pero si es algo muy importante para ti lo conseguirás antes de lo que te imaginas. Solo tienes que estar dispuesto a pagar el precio, por eso es tan importante el compromiso. Hoy, que he podido conseguir todos los objetivos que me he planteado y lo sigo haciendo. Mi misión es entregar cada vez más valor a la vida de las personas. Puedo decir que lo estoy haciendo y eso es lo que considero ser exitosa. Ese objetivo es el que me hace más feliz. Podría resumir el secreto de la felicidad en siete palabras. Pasión, compromiso, disciplina, trabajo, excelencia, entrega y éxito. |
AutorMónica Guzmán CEO Categorías |

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